Así celebramos el IV Encuentro "Amigos de Bibliomulas Mérida" y el XV Aniversario de Andar, Soñar y Trasformar

El pasado viernes 18 de julio de 2025, la sede de UNIANDES se vistió de gala para celebrar el IV Encuentro "Amigos de Bibliomulas Mérid...

jueves, 30 de septiembre de 2021

Genaro, el señor de la mula.

 

La vida en Bibliomulas está hecha de diarias enseñanzas. No nos referimos a las que tienen que ver directamente con lo que hacemos; hablamos más bien de las pequeñas cosas que ocurren cuando, en el trajinar de cada día,  nos encontramos con nuevas maneras de hacer esas pequeñas cosas.

Canela está muy adaptada a su nuevo trabajo, se entiende con los niños sin ninguna dificultad y aunque parezca una redundancia - que no lo es - ha resultado una mula tranquila y sosegada que cumple perfectamente con todo lo que esperamos de ella. A veces, incluso parece que quisiera integrarse a los ratos de lectura.

Ha crecido un poco, ganado peso y nos parece que su pelambre brilla de manera especial en los últimos tiempos. Pues bien, todo nos indica que la razón de tanta buena noticia está en las manos de Genaro, su responsable cuidador. Por eso, cuando celebramos razones para estar satisfechos lo celebramos a él, quien - por cierto - ayer cumplió un año más de vida.

Una de las preocupaciones más importantes que enfrentamos día a día en medio de las muchas dificultades, es precisamente atender a Canela. Hace poco alguien nos comentó (con verdadero desconocimiento) que “una mula, por lo menos es fácil”; eso nos dejó un poco atónitos: ningún animal que este bajo nuestro cuidado es “fácil” y aunque no nos atrevemos a juzgar a quien lo piense, sentimos la necesidad de hablar de ello; al hacerlo, sabemos que debemos hablar de Genaro.

Las actividades que llevamos a cabo con la mula, no podrían realizarse igual de bien de no ser porque contamos con su ayuda: entre mulero y mula hay una comunicación que no se repite con otras personas. Por un lado es lógico, porque Genaro es quien tiene el mayor nivel de interacción con ella; también, porque lo hace con cariño y conocimiento. De modo que, quizás, sea esto último lo que destaca verdaderamente. Genaro sabe tratar a Canela, por eso se llevan bastante bien, para alegría de quienes se benefician de esa buena relación.

Nacido en la aldea Mijará, en el bonito pueblo de Mucutuy,  en  Mérida;  a Genaro, en una expresión muy propia del andino, “se lo trajeron enguacalado” para Mérida siendo apenas un niño. Aquí, cercano a la Comunidad El Rincón ha hecho su vida rodeado de animales, labranza,  agricultura y música: Es cultor de un género muy particular enraizado en esta tierra andina, la  “música de paraduras”;  cada año entre enero y febrero, Genaro acompaña con su violín la tradición más autóctona y perdurable de los andes venezolanos, la Paradura del Niño. En Mérida, además formó una familia al lado de María, la compañera que se ha convertido  en la mejor amiga de Canela.

Con algunos años dedicados a atender las necesidades de los animales que han pasado por Bibliomulas, fue instrumental en la búsqueda de Morichala, cuando pensamos que aparecería. De hecho fueron los esfuerzos de Genaro lo que nos terminaron de convencer de detener una búsqueda vana. Fue entonces cuando, al aparecer Canela, la lógica indicara escogerlo como cuidador del animal.  Fue una decisión providencial: a la mula él le está dedicando atenciones profesionales que incluyen atención veterinaria y cuidados alimenticios. Por eso podemos hablar bien del estado en que la encontramos cada vez que la vemos.

}Además, otras razones de alegría tiene la “amistad” surgida entre ambos: Genaro, por razones obvias, está a cargo de la alforja que viaja al encuentro de las comunidades, muchas veces incluso, cargándola al hombro para quitarle peso al animal si lo nota excesivamente cansado. Pues bien, en varias oportunidades, ha sido Genaro el que ha terminado leyendo con los niños gracias a esa magnífica simbiosis que desarrollamos los que aquí estamos. Si bien la voz cantante de la actividad reposa en el mediador de lectura y es, bajo sus directrices, que emprendemos el trabajo educativo, cualquiera de nosotros que esté presente, colabora con este para redondear la tarde. El buen talante y la mejor disposición de nuestro “mulero” muchas veces ha logrado convencer a los niños de rendirse ante la magia de una buena historia, leída por el mismo señor que minutos antes ha vigilado de cerca el paseo en la mula o ha organizado la alforja para emprender el regreso.

No hay duda que un apoyo como ese, trasciende el mero oficio de ayudar y se hace parte de lo mejor que tenemos para ofrecer. Por eso, deseamos larga vida cerca de nosotros a Genaro, el señor de la mula.



lunes, 27 de septiembre de 2021

Jaji, un año de grandes enseñanzas (I)

Una de las primeras cosas que destacan cuando hablamos de los niños y niñas beneficiarios de Bibliomulas, es aceptar que los niños, habitantes de las zonas rurales que atendemos, se han quedado atrás en el desarrollo de habilidades en lectura y escritura. Sabemos que se trata de un proceso complicado, que empieza por el hecho de que son niños a quienes la escuela formal les cuesta mucho más. 

Es por eso que iniciativas como el abordaje ampliado que Bibliomulas ha emprendido y que tiene como centros “piloto” las aldeas que rodean la población de Jají, en el municipio Campo Elías, del estado Mérida, se hacen indispensables, siempre que estén pensadas como alternativas que los acerquen a la formación de un hábito lector. En este caso a través del acercamiento a otros medios expresivos como las artes plásticas, el desarrollo de su creatividad y por supuesto, el elemento lúdico. 

Es el testimonio del que dan fe las 4 mediadoras de lectura responsables de las actividades desarrolladas en Piedras Blancas, Loma de El Rosario, El Portachuelo y El Paramito, de Jají, como parte del proyecto llevado a cabo por Bibliomulas, en combinación con la organización Geografía Viva, el cual culminó el 31 de agosto pasado. 

Uno de los primeros logros que destacamos es que, a pesar de los años que llevamos desarrollando proyectos de este tipo, creemos que esta es una de las oportunidades en que el objetivo de Lectura Activa se ha logrado plenamente; es decir, hoy tenemos un grupo de niños que, por medio de la lectura, han alcanzado pro eficiencia en la escritura, llevando con ello su experiencia a un nivel superior si tomamos en cuenta que, también, han desarrollado un potencial creativo no explorado anteriormente dentro del aula “formal”. 

- Los niños aparte de recrearse y divertirse, se encuentran por primera vez con libros que los sorprenden y los hacen desarrollar sus propias historias, pues se trata de ediciones que contienen todos los elementos para interesar a un niño: dibujos, un diseño que sale de lo considerado normal y contenido interesante; eso los hace sentir motivados, no solo a escribir su propio relato, sino a compartirlo

Es lo que explica una de las mediadoras que comparte su tiempo entre docencia, familia y Bibliomulas. Ella destaca, por encima de todo, que el programa ha permitido aumentar y mejorar el nivel de integración entre los niños de la comunidad quienes, aunque no sean alumnos regulares de los institutos educativos del sector, son bienvenidos a las visitas de la mula y sus alforjas. 


Esa integración ha logrado además un impacto en los representantes. Gracias a dinámicas y talleres que los docentes y mediadores han realizado durante el año, se ha logrado mejorar el nivel de compromiso de los padres con la educación de sus hijos y, lo más importante, el incremento de la credibilidad en el desarrollo de sus potencialidades. Es especialmente notorio el sorpresivo agrado de los padres ante el descubrimiento de resultados que creían imposibles en sus hijos en esta etapa de su formación como, por ejemplo, la escritura de un cuento propio o la declamación o participación en algún pequeño evento de tipo cultural o social, dentro de la escuela o de la comunidad. 

En el ámbito meramente reservado a los docentes, es opinión general que el proyecto permitió un enlace entre el niño y la escuela, no tanto hablando de escuela como infraestructura, sino como medio experiencial que dio a los niños un espacio bien pensado para que sus necesidades educativas, afectivas y sociales fueran atendidas de manera satisfactoria. 

Lograr que, en medio de todas las necesidades de protección y amparo que fueron implementadas a raíz del estado de emergencia sanitaria ocasionado por la pandemia de COVID 19, los niños regresaran a la posibilidad de reencontrarse aunque con mucha menor frecuencia, con vecinos y compañeros de otros años, fue un aliciente particularmente especial en esta sui-generis temporada.. 

El logro de esos y algunos otros objetivos que narraremos en próximas oportunidades, arroja un saldo positivo tanto para Bibliomulas como para Geografía Viva y, el más importante: también para la comunidad atendida. 

 - De algún modo uno siente que en el niño renació el amor por la escuela, pero en el docente también renació el amor por su profesión y ahora están como mejor preparados para asumir su papel de enseñantes – Nos dice emocionada una de las docentes / mediadora de lectura cuando habla de sus compañeros de profesión. 

Para nosotros, por supuesto, no hay mejor premio.

jueves, 9 de septiembre de 2021

Más que ponerlos a juntar letras

 

40 años de labores docentes, muchos de los cuales ha alternado con la forma más libre de hacer teatro,  le ha permitido a Pedro Maldonado desarrollar una manera muy particular de entenderse con niños en edad escolar; lo hace ejerciendo lo que él considera las dos cuerdas sobre las que se soporta el trabajo en el aula: guiatura y espacios para que el niño dé rienda suelta a sus deseos. Por eso, sus años en Bibliomula han sido definitivos para la solidificación del proyecto.

Pedro es el responsable de las jornadas de mediación lectora que,  desde hace 5 años,  llevamos adelante en diversas comunidades de la ciudad de Mérida. Sus acompañantes son la mula, el mulero y las alforjas de libros y,  para muchos de los niños que habitan en El Rincón, Los Pinos, El Caucho, Las Cuadras, San José de las Flores o Pie del Tiro, su cara es tan familiar como la del amigo que viene cargado de buenas noticias.

Esas noticias han sido puestas a prueba duramente estos meses en que hemos sido obligados a detener un poco el trote de la mula,  debido a la emergencia sanitaria que se desarrolló en el mundo por la aparición del COVID 19,  y las medidas de bioseguridad que hubo que poner en práctica, motivando - entre otras cosas - el cierre de escuelas y la implementación de modalidades novedosas e inéditas para hacerle llegar a alumnos de todos los años del sistema educativo,  los conocimientos necesarios para el avance de sus programas.


Bibliomulas se acogió al mandato porque además lo consideró apropiado y necesario. Era menester tomar medidas y sigue siéndolo. De modo que, con el objetivo de poner a buen resguardo tanto las personas que forman la gran familia Bibliomulas como las familias de los niños que atendemos y a ellos mismos, nosotros también le pusimos un freno a las actividades diarias y como no podemos, por la estructura misma de nuestro programa,  diseñar sucedáneos virtuales, aprovechamos el tiempo para poner orden en muchas cosas pequeñas que requerían un poco de atención e inventar nuevas formas de acercarnos a nuestras comunidades.

Durante ese proceso, la impronta de Pedro Maldonado sirvió mucho para nuevas formas de entender lo que hacemos. Enseñar el placer de la lectura, que es nuestro reto, requiere señuelos. Es simple: vamos a estar claros en el hecho de que casi ningún niño - ni siquiera aquellos cuyos padres  tienen la lectura en el hogar como hecho cotidiano – prefiere un libro a uno de los muchos juguetes tecnológicos que tiene a su alcance; por eso, despertar su interés y encontrar fórmulas “mágicas” para llevarlo hasta el libro es una tarea bien pensada por el mediador de lectura.

En el caso que nos ocupa, tenemos la suerte de que contar con un avezado hombre de teatro cuya carrera ha estado centrada mayormente en teatro de calle y teatro para niños y adolescentes. Sin duda que tenemos en él una valiosa herramienta pues no hay,  probablemente,  mejor señuelo que el juego del teatro: de muchos modos,  todos, cuando somos niños, soñamos con el escenario. Es más, el teatro y sus características hacen parte de terapias destinadas a superar timidez, desarrollar capacidades de relacionamiento social e interacción y es parte de técnicas de aprendizaje y enseñanza desde los primeros tiempos de la escuela. De hecho, el maestro es un gran actor de la cotidianidad.

Eso lo sabe Pedro Maldonado y esa ha sido la estrategia puesta en práctica para llevar, como un flautista perdido en Hamelín, nuestros niños al libro.

Esa también la estrategia que hemos repetido en las ampliaciones del programa Bibliomulas que con éxito se ha implementado en otras localidades del estado Mérida. La verdad, no podemos quejarnos para nada. Este particular año no ha sido de “reinvenciones” ya que si hubiésemos tenido que “reinventar” algo tendríamos que empezar por admitir que lo que existía no era bueno; pero, ciertamente ha sido un año de retos especiales a los que nuestro equipo ha sabido salirle al paso.



sábado, 21 de agosto de 2021

Acompañar al mediador


La semana pasada pusimos fin a las actividades escolares del año 2020-2021, un año particular donde los haya. Unas semanas antes, realizamos el último de los 4 talleres programados para la formación y acompañamiento de un importante grupo de nuestro equipo: los "mediadores de lectura".

Más adelante, vamos a ir desgranando poco a poco la labor de estos maravillosos colaboradores y nuestras estrategias de acercamiento a su formación y desarrollo profesional a favor de los niños beneficiarios del programa Bibliomulas.

Hoy solo queremos mostrarles algunas imágenes de ese ultimo taller, a cargo de la Psicopedagoga Sahily Amaya, efectuado en la Escuela de Loma del Rosario, en la población de Jají.

Una jornada en la que, tanto los docentes, como los mediadores de lectura y también los niños e incluso algunos representantes disfrutaron de lo que ya se ha convertido en una norma: aprender es una actividad divertida.

Pueden darse cuenta porqué:

(todas las fotografías son de Marcos Pollini)







Los niños beneficiarios
Centella, la yegua en Jají
Creación de personajes

La alforja mágica

Nuestros mediadores de lectura
Sahily Amaya iniciando actividades

viernes, 16 de julio de 2021

IL NOME È “CANELA”

Tutti ricordiamo tristemente la notizia: Morichala non era nel suo luogo di riposo. Ricordiamo anche le prime speculazioni e la prima preoccupazione. Ci è voluto molto tempo per capire che l'avevamo persa; molto di più, accettare, come ha detto di recente un amico fedele, che "perso" significava anche "circostanze strane", un soprannome che viene prima di ogni evento spiacevole che ci abbatte senza giustificazione. 

Così è stato: Morichala è scomparsa in circostanze strane e, per quanto si possa ipotizzare, denunciare o indagare, siamo quasi certi che non sapremo mai veramente cosa le sia successo. È vero che questo lascia una "spina" nel fianco; ma, non meno vero è che siamo sempre stati sicuri, quando è diventato una realtà che Morichala non sarebbe tornata, che questo non avrebbe fermato Bibliomula.

Non si è mai fermata per un giorno. Non perché non possiamo sviluppare il nostro progetto senza l'aiuto di una mula, bensì perché abbiamo un impegno importante con le comunità che ci hanno aperto le loro porte, rendendoci parte delle loro vite. Non pensiamo nemmeno di sostituire un processo educativo che necessariamente debba equiparare la sua qualità a quella dei paesi definiti del “Nord del mondo”, per formare uomini e donne che possano inserirsi facilmente nel complicato mondo delle competenze lavorative del 21° secolo. No.

Lo facciamo perché vogliamo essere un'alternativa che rimanga per sempre nella migliore memoria dei bambini, che sono ancora molto indietro nella scala dei benefici dell'istruzione iniziale. Lo diciamo con la carica romantica che questo implica: vogliamo andare dove non arriva nemmeno il segnale del cellulare e c'è un ragazzo o una ragazza che vuole leggere un libro. Vogliamo farlo in modo significativo. Non siamo in concorrenza con Internet, né ci consideriamo la necessaria arretratezza in un mondo che invia missioni spaziali su Marte.    

Ci vediamo per quello che siamo: una bisaccia piena di libri a disposizione dei bambini che non hanno altra risorsa per iniziare a scoprire il mondo. Una bisaccia portata in groppa a una mula (una bestia, dicono in queste lande andine). Da qui lo sforzo di recuperare rapidamente la nostra essenza.

Potrebbe non essere necessario spiegare così tanto. Intraprendere, in questi tempi difficili, la ricerca di una nuova mula, ha comportato uno sforzo a cui dobbiamo aggiungere gli sforzi della nostra vita quotidiana: il lancio della Biblioteca dei giocattoli, l'attenzione ai progetti che sviluppiamo a Jají, la visita alle comunità più vicine (che ha dovuto essere riconsiderata a causa della scomparsa del nostro “veicolo”) e l'attenzione alla quotidianità hanno reso complicata la ricerca del mulo. E sempre, come sempre, c'era la questione finanziaria. Una mula è più costoso di una moto. Inoltre, visto come stanno le cose in campagna, magari con i soldi pagati per una mula, si potrebbe ottenere una modesta automobile in buone condizioni.

Ma Bibliomula si chiama così, perché va a dorso di una mula. Quindi era impossibile rinunciare. Abbiamo già parlato della campagna di raccolta fondi e di altri passi compiuti (anche se una buona occasione non si spreca mai per ringraziare ancora l'affetto e questo è tutto) che erano destinati a completare il nostro nome, finché da Muchuchachí (paesino delle Ande, a 6 ore da Merids) abbiamo ottenuto ciò che mancava.  

L'unico modo legale per ottenere una mula è pagarlo, a meno che tu non sia un agricoltore e allevatore di muli. Il mulo è un animale da lavoro molto prezioso, soprattutto di questi tempi - e i nostri agricoltori sono molto chiari su questo. Quindi una mula non può essere adottato, non può essere trovato, non può essere ottenuto se non tramite l'allevamento o l'acquisto; non abbiamo ancora deciso di dedicarci all'allevamento dei muli. Così abbiamo pagato quello che dovevamo pagare e con tutte le elaborate scartoffie burocratiche (che chi ha preso Morichala ha saltato a modo olimpionico) ci siamo procurati una bella mula magra e addestrata, dei villaggi del Sud di Merida.

Qualche settimana fa l'abbiamo ricevuta e, naturalmente, il primo dilemma che abbiamo avuto è stato quello di dargli un nome. Abbiamo deciso di fare un concorso: dopo che i bambini delle comunità beneficiarie hanno scelto una buona lista di nomi su cui non avrebbero mai potuto mettersi d'accordo.

Questa lista è stata poi sottoposta al voto dei membri della nostra comunità virtuale di amici. Qui ci fermiamo per peccare di immodestia: il 28% di quella comunità ha risposto alla chiamata: è tanto. Difficilmente un resoconto istituzionale, che non abbia un fattore emozionale legato ai mass media, raggiunge questi risultati. 

Da lì è nato CANELA, il nome scelto dai nostri amici virtuali.

Giovedì scorso, in un bellissimo incontro presso la sede della Fondazione Don Bosco, l'abbiamo presentata formalmente e CANELA ha deciso di mostrare il suo temperamento: non c'era il potere umano di portarla sulla passerella che le avevamo preparato,  come se fosse una regina. Ha preferito rimanere una mula e siamo stati tutti sollevati dal fatto che andremo molto d'accordo.

Già, attraverso quelle montagne di Dio, CANELA è carica di libri e.. questo racconto è appena iniziato! 


 

Grazie ancora a tutti gli amici italiani che hanno collaborato económicamente con il proprio contributo a realizzare questo sogno!!! E un ringraziamento particolare alla Agenzia “Viaggisolidali” di Torino che ha, ancora una volta, scommesso con noi e ci ha dato un contributo importante, oltre che a mandarci la grande viaggiatrice “Tarta” che ha raggiunto anche Merida, sulle nostre amate Ande e ci accompagna, insieme a Canela, nelle nostre attraversate andine!


 


miércoles, 7 de julio de 2021

El nombre es CANELA

Todos recordamos con tristeza la noticia: Morichala no estaba en su lugar de descanso. Todos también,  las primeras especulaciones y la preocupación inicial. Nos tomó un buen tiempo entender que la habíamos perdido; mucho más, aceptar, como dijo hace poco un consecuente amigo, que “perdido” significaba también “extrañas circunstancias” un mote que se le antepone a todo evento desagradable que nos descalabra sin justificación.

Así había sido: Morichala desapareció en extrañas circunstancias y, por mucho que especulemos, denunciemos o investiguemos, estamos casi seguros que nunca sabremos, en realidad lo que ocurrió con ella. Cierto que eso nos deja una “espinita”;  pero,  no menos cierto es que estuvimos seguros siempre, cuando empezó a ser una realidad que Morichala no regresaría, que eso no detendría a Bibliomula.

No la detuvo ni por un día. No porque podamos ser capaces de desarrollar nuestro proyecto sin el auxilio de una mula, sino porque tenemos un compromiso importante con las comunidades que nos han abierto sus puertas,  convirtiéndonos en parte de ellos. Tampoco porque queramos ser sustituto de un proceso educativo que tiene, forzosamente, que equiparar su calidad a la de países desarrollados, para formar hombres y mujeres a quienes les sea fácil incorporarse al complicado mundo de las competencias laborales del siglo XXI. No.

Lo hacemos porque queremos ser una alternativa que se quede para siempre en el mejor recuerdo de niños que, todavía, están muy por detrás en la escalera de los beneficios de la educación inicial. Lo decimos con la carga romántica que eso implica: queremos llegar a donde no llega ni siquiera la señal de un teléfono celular y  hay un chico o una chica que desea leer un libro.  Queremos hacerlo de manera significativa. No competimos con Internet,  ni nos vemos como el atraso necesario en un mundo que manda misiones espaciales a Marte.

Nosotros nos vemos como lo que somos: una alforja llena de libros a disposición de niños que no tienen otro recurso para empezar a descubrir el mundo. Una alforja transportada a lomo de mula (de bestia, dicen por estos páramos andinos) De ahí el empeño en recuperar nuestra esencia con rapidez.

Tal vez no sea necesario explicarlo tanto. Embarcarnos, en estos tiempos de tanta dificultad, en la consecución de una nueva mula, implicó un esfuerzo al que hay que sumarle los esfuerzos propios de nuestra cotidianidad: la puesta en marcha de la Ludoteca, la atención a los proyectos que desarrollamos en Jají, la visita a las comunidades más cercanas (que debieron ser replanteadas ante la desaparición de nuestro “vehículo”) y la atención a los asuntos propios del día a día, hicieron complicada la búsqueda de la mula. Y siempre, como siempre, estaba el asunto económico. Una mula es más cara que una motocicleta. Es más, tal como están las cosas en el país, posiblemente con el dinero que se paga por una mula podría conseguirse un modesto automóvil en buen estado.

Pero, Bibliomula se llama así, porque va en mula. De modo que era imposible renunciar a ella. Hemos hablado ya de la campaña de recolección de fondos y de otras diligencias hechas (aunque nunca se desaprovecha una buena oportunidad para volver a agradecer el cariño y esta lo es) que tenían como destino completar nuestro nombre, hasta que en Mucuchachí encontramos las patas que le faltaban a la organización.

La única forma legal de obtener una mula es pagando por ella, a menos que usted se dedique a cultivarlas y criarlas. Una mula es un muy preciado animal de trabajo, sobretodo en estos tiempos – y nuestros campesinos lo tienen muy claro. De modo que una mula no se puede adoptar, no se puede encontrar, no se puede obtener de otro modo distinto a la cría o la compra y nosotros, todavía, no hemos decidido dedicarnos a la crianza de mulas. De modo que pagamos lo que había que pagar y con todo el elaborado trámite burocrático (que muy olímpicamente se saltaron quienes se llevaron a Morichala) nosotros nos hicimos de una bonita, flaca y entrenada mula proveniente de los pueblos del Sur, territorio en el que la mula manda.

Hace pocas semanas la tenemos y,  por supuesto, el primer dilema que se nos presentó fue ponerle un nombre. Decidimos hacer un concurso después que los niños de las comunidades beneficiarias eligieron una buena lista ante la que nunca lograron ponerse de acuerdo.


Esa lista entonces, se sometió
  a la votación de los miembros de nuestra comunidad virtual de amigos. Aquí hacemos un alto para pecar de inmodestos: el 28% de esa comunidad respondió al llamado, eso es mucho. Difícilmente una cuenta institucional que no tiene un factor de emoción relacionado con los medios masivos, alcanza esos resultados.

De ahí salió CANELA, el nombre escogido por nuestros amigos virtuales.

El jueves pasado, en un bonito encuentro en la sede de la Fundación Don Bosco la presentamos formalmente y CANELA decidió dar muestra de su temperamento: no hubo poder humano que la trajera a la pasarela que le habíamos preparado,  como si fuera una reina. Ella prefirió seguir siendo una mula y a todos nos alcanzó el alivio de que vamos a llevarnos muy bien.

Ya, por esos montes de Dios, anda CANELA cargada de libros y… colorín colorado, este cuento apenas ha comenzado.