Así celebramos el IV Encuentro "Amigos de Bibliomulas Mérida" y el XV Aniversario de Andar, Soñar y Trasformar

El pasado viernes 18 de julio de 2025, la sede de UNIANDES se vistió de gala para celebrar el IV Encuentro "Amigos de Bibliomulas Mérid...

miércoles, 24 de febrero de 2021

¿Dónde estás Morichala?


El miércoles 17 de febrero,  el día se mostraba tan amable como todos. Los días de febrero suelen ser luminosos y frescos, llueve muy poco y los cielos brillantes de la ciudad se lucen. Nada nos hacía presagiar que nuestra vida sufriría tal cambio.

A media mañana, Ramón, nuestro amigo encargado de entenderse con Morichala, llamó a dar la mala noticia: la mula estaba desaparecida. Se había “escapado” de su lugar de descanso, un terreno en los predios de “El Rincón” por la zona de Los Próceres, en Mérida. Un lugar que conocemos como el hogar de Morichala. Temprano, como es su costumbre, Ramón había ido a visitarla, le llevó comida y estuvo un rato atendiéndola, como hace todos los días.

Hombre de costumbres inalterables, el cuidador sabe que atender a Morichala requiere tiempo y buenos hábitos, de modo que se apersonó a mediodía para comprobar su buen estado. No estaba. De algún modo, sin testigos y sin despertar sospecha alguna, la mula había emprendido camino. No sabemos y no se sabrá nunca posiblemente, si lo hizo sola o acompañada.

Las alarmas se encendieron en toda la ciudad. No solo porque tenemos muchos y muy queridos amigos en El Rincón,  que de inmediato ofrecieron su tiempo y sus buena voluntad para contribuir con la búsqueda, sino porque en muchos sentidos, Morichala es la esencia de Bibliomulas. Muchos planes se pueden emprender; existen toda una serie de alternativas para que el proyecto siga adelante sin percances, podemos volver   a la lectura y volveremos; pero, el extravío de la Mula, a esa hora del mediodía resultaba un anuncio aterrador.

Preocupados como los que más, y sin saber muy bien que hacer en esas primeras horas de estupor, nos dedicamos a recorrer las zonas cercanas. A decir verdad, creemos que no quedó espacio sin revisar en una búsqueda a la que se sumaron una buena cantidad de vecinos y amigos. El Rincón y la Avenida Los Próceres hasta La Pedregosa,  fueron literalmente peinadas por nosotros, en nuestra búsqueda angustiada.

El día terminó sin éxito. No tuvimos noticias y no sabíamos que podía haber sido de ella. Han transcurrido 7 días. Una semana ya sin saber nada de nuestra mula y es imposible dejar de pensar en lo que pudo haber ocurrido y evitar tejer hipótesis. ¿Fue robada? ¿De verdad desapareció? ¿Está perdida?

Son preguntas difíciles de responder; por definición, las mulas son animales muy “tercos”, animales apegados a sus costumbres y conocedores del camino por el que se mueven, de modo que es difícil creer que Morichala se haya “desvanecido” por si sola.  La lógica nos indica que en caso de haberse ido por voluntad propia, saliendo del terreno que considera su hogar, le habría sido fácil conseguir el camino de regreso y, por lo tanto, ya estaría de vuelta a estas horas. Quizás no tan rápido como lo hubiese hecho un perro; pero, ha tenido suficiente tiempo para volver, desandando sus pasos.

Obviamente la tristeza que nos produce desconocer su paradero se une a la nostalgia de los años convividos. De muchos modos, la razón de ser de nuestro proyecto educativo es la mula; de hecho, ella es el elemento diferenciador, el que nos permite movilizarnos y también,  el que nos permite llamar la atención de los escolares a quienes nos acercamos, muchachos que toman cada una de nuestras visitas con la emoción de un día feriado.

Por ellos, no queremos renunciar a la búsqueda. No aceptamos darla por perdida y seguir adelante de alguna forma que inventaremos para capotear este mal momento; al contrario, queremos pensar  -  y pensamos - que en algún sitio de esta ciudad llena de escondrijos,  habremos de toparnos con ella y reanudar nuestra vida como si nada hubiese ocurrido; por lo tanto, seguimos en pie de esperanza. Buscando y repasando caminos para traerla de regreso a casa con ayuda de sus muchos admiradores y amigos.



miércoles, 10 de febrero de 2021

¿POR QUÉ UNA LUDOTECA?

Originadas en 1934 en Estados Unidos de América, no fue sino hasta entrados los años 60 del siglo XX que el espacio conocido como Ludoteca,  comenzara a tener valor dentro de la sociedad a medida que fue considerado parte del proceso educativo de niños y jóvenes.

Se definen como “espacios para jugar” o también, “espacios para guardar juegos”, ya que su etimología así lo refiere: ludoteca se forma de la palabra ludus que en latín significa juego o juguete y el griego teke que significa caja o lugar para guardar algo; por lo tanto, tomando en consideración la definición que da el DRAE a la palabra, tenemos que una ludoteca es un  “Centro de recreo donde se guardan juegos y juguetes para su uso y préstamo”.

Si bien, conceptualmente,  esas definiciones se acercan mucho a la realidad, la verdad es que,  hoy por hoy,  el término refiere muchas otras cosas y se  convierte en una herramienta educativa, indispensable en la formación de  adultos motivados, activos, equilibrados, porque han recibido en su formación cultural infantil el derecho a jugar.

Ese derecho es uno de los puntos fundamentales cuando hablamos de los objetivos concretos de las ludotecas como espacios educativos. Ya no existe la discusión acerca de la importancia que tiene el juego en el desarrollo intelectual, psicomotor, socio afectivo y cognitivo de un niño. De modo que, el impulso al juego, consagrado dentro de los planes formativos que se ofrecen en la actualidad, requiere espacios  facilitadores del mismo.

Una tarea fundamental que cumplen,  es la facilitación de las relaciones sociales entre los niños,  ya que garantizan el ambiente distendido y la diversión a los usuarios. Tal ambiente, favorece la integración de niños marginados y/o con necesidades específicas. En este sentido, vale mucho la pena recordar valiosas experiencias llevadas a cabo en escuelas públicas europeas, que proponen espacios de juego (ludotecas) cuyo uso no está estipulado en un horario determinado,  sino que permanece disponible para el uso de estudiantes considerados “problemáticos” o con dificultades para su integración social y/o aprendizaje. La sustitución del ambiente formal de un  aula de clases,  por el menos rígido y distendido de un área de juegos -  debidamente dirigidos - logra la adecuación de estos alumnos “difíciles” al entorno escolar en un tiempo mucho menor.

La ludoteca compensa la carencia de espacios para el juego y ofrece programas lúdico-pedagógicos orientados a la prevención de problemas relevantes de la niñez en el entorno en que conviven;  en tiempos en los que el principio básico de la educación, habla de un todo que persigue la formación intelectual, física y de carácter de un niño,  de modo que pueda convertirse en un adulto integrado plenamente a la sociedad, con un aprendizaje racional en el uso de dispositivos electrónicos y juegos mecánico. La ludoteca,  de ese modo, crea un universo de posibilidades casi ilimitadas que deben aumentar a medida que la sociedad y los procesos de entendimiento de los modelos de práctica educativa evolucionan.

Para Bibliomulas Mérida, la puesta en funcionamiento de la Ludoteca Gabriele Sanesi, es un paso de especial trascendencia,  dada la función de investigación y contribución a los planes educativos que estos espacios ofrecen. Nosotros la consideramos el  terreno de pruebas más real que puede existir para todos los juegos,  juguetes y nuevas teorías y prácticas de enseñanza que en ella entren, con el atractivo adicional de haberse creado como un espacio comunitario que no está exclusivamente asociado a una escuela en particular,  sino que busca ofrecer sus espacios a cualquiera que lo requiera, facilitando el intercambio de conocimientos y ratos amenos entre niños y jóvenes de diferentes orígenes y formación.

Aunque ya está completamente instalada y en capacidad de prestar funcionamiento pleno, nuestra ludoteca espera por el inicio de clases presenciales para empezar a desarrollar sus muchos proyectos de desarrollo e integración a los planes educativos de las comunidades merideñas. Sinceramente, después del arduo trabajo que ha significado ponerla “a punto” apenas podemos esperar para tenerla llena de niños y jóvenes deseosos de aprender jugando.



lunes, 25 de enero de 2021

LUDOTECA GABRIELE SANESI

Ni aprender ni enseñar deben ser tareas aburridas; primero,  porque aprender es una experiencia que cambia la vida y luego porque,  enseñar,  es la mejor manera de aprender que existe; de modo que, sí hablamos de interacciones, la de aprender y enseñar están íntimamente ligadas a la magia de divertirse en el intento. Ese es el sustento conceptual de una ludoteca: un lugar para convertir el aprendizaje en entretenimiento y hacerlo con toda seriedad.

Hemos hablado, casi hasta el cansancio, de todo lo que hemos debido afrontar en estos meses. Hemos dado vueltas acerca de las oportunidades,  positivas o no,  que se nos han presentado y hemos tenido que hacerle frente a muchos obstáculos; pero, no hemos hablado suficientemente de proyectos que nacieron a la luz de la necesidad impostergable de seguir adelante.

Uno de los que nos sentimos más orgulloso es la Ludoteca Gabriele Sanesi. Sobre todo,  porque encierra una bonita historia de amistad y solidaridad que trasciende mucho  más allá de las fronteras geográficas de este mundo en permanente  ajuste.

A principio del año 2020, nos planteábamos la necesidad de expandir,  no solo los espacios visitables por nuestra Bibliomula, sino crear nuevos lugares en los que nuestros beneficiarios pudieran vivir experiencias distintas a las del aula de clase,  y entrar en contacto con otras formas de aprendizaje que los acerquen a mundos por descubrir.

Videos, juegos educativos, dinámicas de aprendizaje, lectura de cuentos, dramatizaciones, experiencias sensoriales, música y danza son herramientas indispensables a la  hora de desarrollar potencialidades en los niños y jóvenes. Unir esas herramientas a un tema específico y además, tener la posibilidad de hacerlo en un espacio debidamente acondicionado para eso, empezó a ser un proyecto deseado y necesario. Entonces, llegó la pandemia.

Hemos sido supremamente cuidadosos con el cumplimiento de las medidas de prevención porque sabemos a lo que nos estamos exponiendo. No podemos bajar la guardia y poner en peligro la salud de nuestros colaboradores o de nuestros niños; por eso, tomamos esos primeros meses como necesario receso para pensar muy bien un proyecto que nos parecía impostergable. Fue entonces cuando apareció la mano generosa de nuestro amigo Giacomo Sanesi, un antiguo colaborador que se enamoró de la idea y sobre todo, de buscarle solución al problema de ponerla en práctica.

Todo el que nos conoce sabe que Bibliomulas vive de los apoyos que recibe de sus colaboradores y que, cualquier nuevo proyecto, depende de esos apoyos para salir adelante. Giacomo lo entiende como el que más y quiso ofrecernos su ayuda para lograr darle forma al espacio largamente pensado; para lograrlo,  creó una gran cadena de favores: aprovechando la feliz ocasión de su matrimonio en Italia, improvisó una campaña de crowdfunding entre sus invitados y de “poquito en poquito” logró juntar los recursos que hacían falta para hacer realidad nuestra ludoteca.

Por eso, orgullosamente, hemos bautizado a la ludoteca con el nombre del padre de Giacomo, cuya ayuda formó parte del “pote” que hizo posible hacer frente a los gastos que supuso  poner en funcionamiento este espacio,  dedicado a convertir el aprendizaje en una experiencia llena de diversión.

Solo estamos esperando la normalización de las actividades escolares y el regreso a clases presenciales, para poder desarrollar las propuestas que,  de la mano de educadores debidamente conocedores del área, han sido diseñadas a la espera de su validación por parte de quienes podrán calibrar su eficiencia: los niños y jóvenes de las escuelas de Mérida.

Gracias, desde lo profundo de nuestro corazón, a todos los que continúan apoyando Bibliomulas aún en tiempos de inmensas dificultades.

martes, 22 de diciembre de 2020

LA MULA DE NUESTRA NAVIDAD

El más humilde y fiel de los animales, es una gran excusa para hablar de la que,  posiblemente sin duda alguna, sea la más insólita Navidad de nuestra vida: la del 2020, un año que pasará a la historia personal de todos llenándonos de preguntas y pesares; sirva nuestra mula emblemática, para reconocernos en el nacimiento del hijo de Dios y ser en Él uno solo, en esta Navidad atípica.

El especial calor humano que tanto nos conmueve en la fiesta de Navidad,  es un reflejo del pesebre en que nació Jesús un día como el que celebramos cada año por estas fechas; su representación, se desarrolló por vez primera en la edad media, gracias a Francisco de Asís el que, partiendo de su profundo amor a Jesús, contribuyó a introducir esta novedad.

-          “Más que ninguna otra fiesta celebraba él la navidad con una alegría indescriptible. Él afirmaba que ésta era la fiesta de las fiestas, pues en ese día Dios se hizo un niño pequeño y se alimentó de leche del pecho de su madre, lo mismo que los demás niños” afirma convencido su primer biógrafo, Tomas de Celano.

Ese fue el sentimiento que dio pie a los primeros “nacimientos” que datan de la famosa celebración de la navidad en Greccio (año 1223), a la cual le pudieron animar e incitar su visita a la Tierra Santa y al pesebre que se halla en Santa María la Mayor en Roma; pero,  lo que sin duda influyó más en él,  fue el deseo de más cercanía, de más realidad y por lo tanto, construyó su primer pesebre o representación del nacimiento de Jesús, para honrar la fiesta.

Sin embargo, un dato curioso asalta en el estudio de la historia de los pesebres: ¿Estuvieron realmente una mula y un buey en el nacimiento del Niño Dios?


No hay demostración científica que avale una respuesta positiva. De hecho, el Papa Benedicto XVI, respetado estudioso de la historia de Jesús, relata que muy probablemente no estuvieron y que,  la adición de la mula y el buey a la tradición católica de representar el nacimiento de Jesús en una construcción artesanal conocida como Belén, Pesebre o Nacimiento, tiene más bien un interesante carácter simbólico.

Quien parece haberlo hecho por vez primera es el mismísimo Francisco de Asís, patrono de los animales para, según sus propias palabras:

-          “Evocar el recuerdo del niño Jesús con toda la realidad posible, tal como nació en Belén y expresar todas las penas y molestias que tuvo que sufrir en su niñez. Desearía contemplar con mis ojos corporales cómo era aquello de estar recostado en un pesebre y dormir sobre las pajas entre un buey y un asno”

En realidad, lo que el santo de Asís quiso fue establecer para siempre un puente para la unidad de la iglesia, que más tarde ha sido interpretado como la unidad del Antiguo y Nuevo testamento.

La mula y el buey somos nosotros, los cristianos que no hemos sabido descender de nuestros tronos urbanos para abrazar la humildad, tal como lo hicieron José y María a la hora de alumbrar a Jesús, el niño Dios.

Ambos animales son símbolos proféticos tras los cuales se oculta el misterio de la iglesia, nuestro misterio, puesto que nosotros somos mula y buey que abren sus ojos en  Nochebuena de forma que, en el pesebre, reconozcamos al Señor.

Por eso, agradecemos, más que celebramos estas fiestas tan especiales;   lo hacemos desde la solidaridad más cálida con aquellos que fueron directamente golpeados por el virus, con aquellos que aun viven el desconcierto de la perdida y con aquellos que aun no saben lo que ha de traerles el futuro,  remecido por la  pandemia.

Lo hacemos desde el reconocimiento orgulloso a los hombres y mujeres de 2020: nuestros trabajadores de salud, porque sabemos que,  sin ellos, la historia se estaría escribiendo muy distinto y lo hacemos también desde el cariño a un país que, pese a toda circunstancia adversa imaginable, hace lo posible por estar a la  altura del reto día a día.

Solo esperamos que haya  menos encuentros virtuales y más caras descubiertas. Más carcajadas y abrazos y más libros abiertos,  y que en la mesa servida para la familia, cada uno de nosotros se multiplique en lo mejor que somos.


sábado, 19 de diciembre de 2020

MIL MANERAS DE APRENDER

Entre Paramito, Lomas del Rosario y Piedras Blancas hay mucha cuesta de distancia, mucho cielo azul intenso, sol paramero y, algunos días, lluvia. Mucho potrero también y una naturaleza que se compara con pocas. Entre estas tres aldeas de la parroquia Jají  y sus paisajes, tan o más bonitos que los que hacen de Mérida un estado inolvidable, se mueve una emoción que va mas allá de cualquier interés contable: la de un equipo de mujeres, promotoras de lectura,  que han hecho suya la propuesta que Bibliomulas Mérida les hizo,  para desarrollar el proyecto de impulso a la lectura que hace pocas semanas llegó a ese destino.

Parece poco tiempo; pero, una pequeña prueba  de cómo van las cosas se encuentra,  por ejemplo,  en las horas de camino y el esfuerzo de estas señoras para quienes leer solo necesita un libro y los  ojos curiosos de un niño. Margarita lo sabe muy bien.

Es una de las promotoras. Imbuida de interés después del corto taller de inducción que recibió para echar a andar su labor y,  en consonancia con los planteamientos que adelanta Cooperativa Caribana como patrocinadores del proyecto Bibliomulas,  que nació en la Universidad Valle de Momboy; Margarita siente que ha descubierto un mundo.

Uno que comienza a primera hora de la mañana,  alcanzando las comunidades desperdigadas por la vasta geografía que cubren las aldeas en que se está desarrollando la idea de llevar lectura a las familias que allí viven, después de que las medidas de bioseguridad existentes, previnieran a los niños de la zona de asistir a sus escuelas, planteando el problema de reinventar modelos de enseñanza acordes con comunidades en las que la educación a distancia es imposible, debido a los continuos y prolongados cortes de energía eléctrica,  y a la falta absoluta de posibilidades de conexión a internet o de contar con dispositivos electrónicos.

Margarita ha tenido que arreglárselas, como se suele decir por allí; y la verdad, es que se las ha arreglado muy bien. Por cuenta propia decidió acercarse a las comunidades. Ha sido providencial, pues en el camino ha descubierto las profundidades de una necesidad que ni siquiera ella, una mujer acostumbrada a la curiosidad intelectual, podía suponer. Es el caso, por ejemplo, de la familia Albornoz.

Compuesta por 5 niños menores de 12 años, entre los que se cuenta uno en situación de discapacidad severa, la abuela de muy avanzada edad (es en realidad la bisabuela de los niños) y padres que trabajan en el campo,  por lo que están fuera todo el día;  la familia Albornoz ha tenido poca o ninguna posibilidad de recibir escolarización, sobre todo porque la pobreza no se los ha permitido.  Los niños de esa familia no pueden permitirse un par de alpargatas para ir hasta la escuela; mucho menos,  útiles escolares e incluso alguna ropa relativamente “decorosa” para salir de casa todos los días. Se visten, por supuesto; pero,  con ropas que no aguantan el escrutinio de la vida escolar.

Ha sido la gran prueba de Margarita y su gran empresa personal al mismo tiempo. Si es por leer, ella ha puesto a leer hasta a la anciana abuela, quien además saca provecho de la oportunidad para contar sus historias de tiempos demasiado remotos para que existan en la memoria de alguien.



-          “Yo me les acerqué y les hice una dramatización de un cuento, y ellos quedaron felices, después les entregué algunos libros para que los vieran y eso terminó de conquistarlos”  - dice con los ojos iluminados la entusiasta mujer.

Es una de las muchas historias que estamos ayudando a crear en este pueblo situado a 34 kilómetros al noroeste de la  capital del estado Mérida, que ahora acoge entre sus muchas bondades nuestro trabajo de promoción lectora.

Margarita visita a la familia Albornoz todos los días y está segura de haber logrado avances, está programando una estrategia para escolarizar a los niños y mientras eso ocurre,  no ha perdido la oportunidad de ir enseñándoles lo básico. Ha logrado hacerlos leer y ha recibido el más hermoso de todos los premios, en esa casa que se pone de fiesta cada día con su visita: el hermano que vive en condiciones especiales, ha despertado a su estimulo y ahora participa - a su ritmo y a su tiempo - de las sesiones de lectura que ella ha planificado para que participe toda la familia al mismo tiempo.

-          “Usted me pone a escoger mejor regalo y le juro que no existe…si usted pudiera ver la sonrisa de ese niño enfermo cada vez que empezamos a trabajar…eso es mucha emoción para una” sentencia con una sonrisa que ruboriza su cara y encoge el corazón de los que escuchan.

Porque es verdad, no hay mejor recompensa cuando se contribuye con el país que uno sueña.

Nota: los nombres han sido cambiados para proteger la identidad de los protagonistas.


sábado, 12 de diciembre de 2020

LOS CUENTOS EN LA FUNDA

Durante muchos años, la Fundación Don Bosco de Mérida ha sido hogar para Bibliomulas; si recientemente hablamos de la necesidad de fortalecer y mantener las alianzas que un proyecto como el nuestro necesita para su crecimiento, tenemos que reconocer que,  posiblemente, la alianza hecha con Fundación Don Bosco está entre las más favorecedoras.

En primer lugar porque en esta “complicidad” de proyectos, todos los involucrados obtienen algún beneficio, por cierto, bastante equitativo en sus términos. Para Bibliomulas, durante todo este tiempo, la cercanía de la Fundación ha sido un terreno para experimentar nuevos proyectos, desarrollar programas de desarrollo y sobre todo, descubrir un semillero: niños ávidos de acercarse al mundo de la literatura y vivirlo de nuestra mano.

No hay público mejor, sin duda, y eso lo sabemos perfectamente todos los que alguna vez nos involucramos en esto de impulsar la lectura y contribuir con la formación de niños en edad escolar. El niño que no lee,  no lo hace porque sencillamente está alejado de un libro,  ya que su natural curiosidad siempre los llevará  a querer descubrir los mundos que se esconden entre sus páginas y acercarse a encontrarse con esos mundos.

No obstante, siempre es bueno un poco de estimulo y eso es lo que nos hemos propuesto hacer,  tanto en Bibliomulas como dentro de la Fundación Don Bosco, por eso hemos establecido programas sencillos; pero, de gran impacto entre quienes hacen vida en ese espacio que tanto nos ha dado apoyo.



Se trata del encuentro semanal para leer cuentos a los niños de la Fundación, un programa propio de nosotros que no se ha detenido en tiempos de confinamiento, habiéndose reformulado para cumplir con las disposiciones del caso,  sin necesidad de suspenderlo y que se inscribe dentro de nuestros proyectos de estimulo a la lectura dirigido a estudiantes de educación primaria. Lo ponemos en practica de manera muy sencilla; cuando la situación lo permite (ahora no es posible debido a las limitaciones propias de la crisis sanitaria desatada por la pandemia COVID 19) llevamos toda la artillería: nuestra mula, los cuenta cuentos y las alforjas de libros; con eso desatamos el ambiente festivo que sirve como perfecta excusa para emprender el camino que atraviesan las historias; pero, cuando no se puede, igual compartimos con estos niños la magia de leer.

Esa es la razón por la que en estas semanas, hemos simplificado la actividad cumpliéndola tan solo con nuestros narradores y lectores de cuentos y textos, seleccionados de las alforjas. Por ahora, la actividad no incluye el paseo en mula que tanto les agrada, aunque de todos modos, logramos mantener despierta la atención y el gusto por participar en las tardes de lectura.

Leer es la herramienta más importante del aprendizaje, ya que orienta y estructura el pensamiento permitiéndole al lector desarrollar actitudes para comprender, interpretar y relacionar un texto. Pero, leer por sí solo, puede resultar una actividad poco atractiva para un niño que desea salir a jugar al patio o canalizar sus energías de otras maneras más físicas; por eso, nosotros la relacionamos con otros conocimientos y experiencias cercanas a los niños.

 El niño que ha iniciado el aprendizaje de la lectura durante sus primeros años de actividad escolar requiere formarse como lector hábil.  Recordemos que, al leer, un niño  no sólo aumenta su vocabulario sino que aprende a obtener conclusiones y,  poco a poco,  formarse opiniones que más tarde le darán la oportunidad de hacer comparaciones y desarrollar capacidad de discernimiento.

Lo que proponemos entonces para los niños de la Fundación Don Bosco es relacionar la lectura con un componente afectivo y lúdico que propicie,  en su edad adulta,  la relación de la lectura con sentimientos de seguridad, contención y amor,  ya que los libros le evocarán siempre momentos agradables de convivencia con la mejor parte de su entorno.

Para nosotros, y esto no nos cansamos de decirlo, la lectura y la escritura tienen una función social y cultural, pues  un libro comienza dando al niño la importancia que tiene como ser único, lo relaciona  con su entorno inmediato  y le permite involucrar los aspectos relevantes de esos espacios particulares en los que se ha formado y han sido importantes en su vida.



miércoles, 2 de diciembre de 2020

UN AULA A CIELO ABIERTO

Posiblemente, lo mejor que uno puede hacer en Mérida es presumir de su impecable naturaleza. Mérida es una ciudad en la que para cada rincón que voltees a mirar, te llevas una sorpresa y en cada sorpresa te reconcilias con  las ganas de seguir apostándole al futuro. Eso es un estimulo insuperable para la tarea de aprender y nosotros hemos tenido la suerte de incorporárselo a nuestros proyectos;  la verdad es que no podemos sino alegrarnos por haberlo hecho.

La semana pasada hablamos de la estupenda iniciativa de Geografía Viva. El proyecto como ya lo explicamos, comprende la realización de actividades de promoción de lectura en Jají. Dicho así, suena a cumplir con un objetivo y pasar al siguiente; la verdad es que para nosotros, en nuestro empeño por cumplir con nuestras metas, lo que está ocurriendo en Jají sobrepasa notablemente lo que nos hemos propuesto.

Es tan importante como decir que para muchos niños de esa región, esta es la primera vez que se acercan a la literatura o que tienen un libro en sus manos. Eso está ocurriendo gracias a nuestro convenio con Geografía Viva, con quienes hemos logrado que el alcance del trabajo con niños y maestras de la zona, se extienda a rincones extraviados en las montañas que rodean el pueblo.

Ha sido una jornada realmente bonita. Cuesta decirlo de otra forma, es decir cuesta ponerle adjetivos “interesantes” a un trabajo que está lleno de emocionalidad y logros que valen ser destacados.



Jají es uno de los pueblos más apetecidos de Mérida, formado por  pequeñas aldeas que definen perfectamente la buena fama de Mérida como destino turístico. Más allá de esas consideraciones, es hogar de numerosas familias andinas y de muchos niños en edad escolar; por  eso, el reto de trabajar en esa comunidad lo recompensa el hecho de haber podido acceder a dos grupos de similar interés: las maestras y sus alumnos.

Quizás, trabajar con las maestras sea uno de los hallazgos más importantes de ese proyecto que estamos llevando a cabo desde hace varias semanas; la razón seguramente puede hallarse en las dificultades que existen actualmente para movilizar niños a las escuelas, debido a las restricciones sanitarias propias del COVD 19. Estas regiones apartadas no disfrutan,  por ejemplo, de conexión a internet ni facilidades de comunicación celular; por lo que la posibilidad de emprender las actividades del proyecto de promoción lectora de Bibliomulas, permite a las maestras aprovechar el tiempo de encuentro para profundizar en otras actividades propias de la programación escolar.


El entusiasmo que todos los involucrados demuestran en el avance del proyecto ha despertado, como suele ocurrir,  lo mejor de cada quien. Parte del trabajo se ha desarrollado mediante visitas a las casas de los alumnos; es una fórmula de alivio que pone a todos a buen resguardo y evita desobedecer las medidas de protección indispensables en estos tiempos. Son numerosas las anécdotas que esta alternativa está produciendo, las que  seguramente serán motivo de una nueva publicación; solo adelantamos que,  el fruto de tales visitas empieza a extenderse en el ámbito familiar, lo cual aumenta notablemente el beneficio de la lectura.

Si en Mérida tenemos a Morichala para hacer nuestros recorridos, en Jají contamos son Azucena, una hermosa yegua castaña que dobla como biblioteca y soporta complacida las alforjas llenas de libros y la algarabía de los niños. Además, como solemos hacer cada vez que se nos da la ocasión, todas las actividades a campo abierto terminan con el paseo de los niños a lomo del animal.

Estamos seguros que no hay  mejor aliciente para aprender. Un aula a cielo abierto en el incomparable paisaje merideño no solo es una forma mágica de respetar las disposiciones sanitarias que rigen al momento sino, un ejemplo de tesón y ganas de hacer las cosas, merito que por entero le pertenece a las comunidades que se involucran y nos reciben desde su corazón y su deseo de enseñar y aprender.