Una vez y otra en La Vergara

Ya hemos hablado de lo que significa La Vergara Alta para Bibliomulas. Hemos dicho muchas veces que ese proyecto nuevo, nacido de las casual...

lunes, 4 de octubre de 2021

Giacomo e Blue, una historia de amor

Lo primero, tal vez lo más importante, que puede decirse de Giacomo Sanesi es que no se toma la vida demasiado en serio. Eso lo pone a salvo de todos los obstáculos que le impedirían vivirla, como lo hace, con toda plenitud. Lo segundo es que es un amigo solidario como hay pocos.

Con esas dos virtudes ya estaría listo el personaje. Usted,  como lector, seguramente se haría la idea de un hombre campechano, sencillo y divertido que anda por el mundo sin miramientos. Un poco hippie, ¿verdad?  Así estaría cerca de la verdad, claro. Pero se estaría perdiendo la mejor parte.

Por eso hoy hemos decidido traerlo a nuestra colección de historias. Y no por un motivo fútil.

Giacomo celebra hoy su segundo aniversario de bodas. ¿Qué tiene eso de especial? Nada, en realidad. Mucha gente dura casada muchos más años que eso.

¿Por qué lo celebramos públicamente? Además de por la inmediatez que nos permiten las redes, por un motivo muy importante: La celebración de esa boda “blu, dipinto di blu” permitió que nuestra Ludoteca, en Mérida, naciera.

Dicho de otro modo: el primer hijo de Giacomo y Blue es precisamente nuestra Ludoteca. Nació después de un corto embarazo, hace dos años. Justo el día que este par de enamorados celebraron su enlace.

Para usted que nos lee, decimos otra vez, es probable que  la historia de Giacomo continúe pareciendo intranscendente.  Bien, no lo es, se lo aseguramos, vamos a entrar en detalles:

Erase una vez que un señor italiano, normal, como cualquier italiano trabajador clase media, decidió dedicarse a viajar por el mundo, cada vez que pudiera, y guardar en libretas protegidas con mucho celo el recuerdo escrito de esos viajes.

Ese viajero fue un poco más allá: decidió también que esos viajes tenían que tener un sentido solidario. El plan no era irse a Londres a conocer el Big Ben y esperar pacientemente la carroza de la Reina para publicar una foto en Instagram y obtener 300 likes. No. El plan era dejar un mensaje de paz regado por el mundo y convertir sus libretas en libros ilustrados, cuya venta permite pequeños regalos a gente que, regada por el mundo menos favorecido, necesita algo.

Por eso, un día recaló en Venezuela. Otro día, en India.

En Venezuela conoció emocionado a Bibliomulas y su corazón de poeta aceleró sus latidos.

En India conoció emocionado a Blue, y su corazón de hombre aceleró sus latidos.

Giacomo se hizo el mejor amigo de Bibliomulas en Mérida y en India – o por esos rumbos de Dios - convirtió a Blue en su razón para vivir.

Lo próximo era ponerlos juntos. Allí viene el cuento de la bandera que le robamos y de la Ludoteca que nos regaló.

El viajero impenitente, que trabaja además en Fiumicino (Aeropuerto Leonardo da Vinci, Roma, Italia) como asistente de personas con discapacidad, cree firmemente en la cadena del bien y lo practica. Por ello, anda por el mundo con una bandera de paz. Una que no es blanca, como podría suponerse debido a los convencionalismos, sino del color del arco iris, para tener además un mensaje inclusivo. 

Un día, en una estación de tren europea, nuestro Ignazio tomó la bandera en el momento de la despedida, para hacer una foto

-          Te le devuelvo cuando regreses a Mérida – le gritó desde la ventana.

Giacomo no tuvo otra opción. El tren emprendió su marcha y el regreso a Mérida se convirtió en una promesa que una pandemia ha puesto en espera.

Todo muy bien, ¿Cuándo entra Blue en esta historia?

Poco después. Entró con la fuerza del amor que todo lo puede y se hizo tan amiga de Bibliomulas como usted y como nosotros. De modo que, cuando pensaron en casarse, renunciaron a la idea de una boda en secreto sin pompas ni circunstancias, e hicieron una fiesta por todo lo alto, pidiendo a los amigos que hicieran un regalo a nuestra mula.

Ambos conocían el proyecto Ludoteca y apostaban por su realización.

La fiesta, a juzgar por las fotos y videos que hemos visto, estuvo buenísima. Lo que no salió tan bien fue la recaudación del dinero para hacer posible el regalo a los niños de Mérida. (Es que los dos locos estos, no tienen en sus agendas de teléfono a Mark Zuckerberg; estamos hablando de gente que vive de un sueldo y es feliz a su modo). Es entonces cuando aparece el otro personaje de esta historia: Papá Gabriele. El padre de Giacomo.

Entusiasmado como el que más por el propósito por el que su hijo había organizado “Las bodas de Caná” Gabriele decidió cubrir la diferencia presupuestada. Lo hizo sacando de sus ahorros de toda la vida una cantidad suficiente para cubrir lo que hacía falta.

 Antes de que dejara de sonar la música de aquella fiesta memorable, en que los novios pintaron de azul las esperanzas de un montón de niños merideños, ya sabíamos la noticia: ese par de enamorados, habían parido la Ludoteca en cada brindis, en cada baile y en cada beso de amor.

Así nació la Ludoteca “Gabriele Sanesi”. Por eso, en una ventana de su pequeño espacio está puesta la bandera de paz de Giacomo y por eso nosotros celebramos con ellos, el 5 de octubre, el nacimiento de su vida en común llena de gracias.

Porque una unión nacida bajo el auspicio del bien sin mirar a quien, es una unión bendecida por todos los dioses del mundo, que son al final uno solo: el que hace feliz en la tierra a los hombres de buena voluntad.

Grazie. Tanti complimenti cari amici, che insieme festeggiamo l'anniversario d'oro!!!